Creo que a casi todos nos gustan los crepes, y con harina de trigo siempre salen genial, con mucha elasticidad y no se rompen. Sin embargo tardé mucho en conseguir esa misma textura para los crepes sin gluten. Probé muchas harinas distintas, pero siempre había algo que no permitía conseguir esa fenomenal textura de la harina de trigo. Pero puedo decir que ya lo he conseguido, y con una de mis harina favoritas. Tengo que decir que, aparte de tener un sabor muy rico, esta harina (junto con harina de tapioca) me funciona muy bien para muchos platos.
El truco para conseguir unos buenos crepes es tener una sartén en la que no se pegue la masa. Yo tengo en casa solo una sartén en la que no se pega nunca la masa. Y estoy pensando en comprar otra, para tener dos, por si acaso. La sartén que tengo tiene recubrimiento de piedra y es la mejor sartén que he tenido en mi vida.
Estos crepes, o frixuelos, como los llamamos en Asturias, van perfectamente tanto para acompañar con algo dulce como con algo salado. Siempre podéis endulzarlos adicionalmente si los queréis más dulces.
Bueno, vamos a cocinar!
Ingredientes:
- 100 g de harina de castaña
- 80 g de harina de tapioca (o fécula de patata)
- 2 huevos caseros
- ½ cucharadita de levadura química (baking powder)
- 400 ml de leche vegetal o normal (he usado de almendras, sin azúcar)
- 100 ml de agua mineral con gas
- 3 cucharaditas de xylitol u otro edulcorante
- 15 g de aceite de coco
- Un poco de aceite de oliva o mantequilla ghee para freír
Preparación:
¡Nada más fácil! Ponemos todos los ingredientes en una batidora y los batimos bien hasta conseguir una masa homogénea. Precalentamos la sartén. Con una servilleta de papel engrasamos la sartén con el aceite, y después con una garcilla echamos la masa cuidando de que nos cubra con una capa fina toda la superficie de la sartén. Por último freímos el crepe unos minutos hasta que la masa se solidifique y después le damos la vuelta para freírlo igual por el otro lado.
Por cierto, ¡están muy buenos con nata de coco y fruta!